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20/02/2006

¿PEMEX en agonía?

 

LOS ACTOS DE LA SHCP SOBRE PEMEX SON INTENCIONALES, DELIBERADOS. FORMAN PARTE DE UNA ESTRATEGIA IMPULSADA DESDE DIVERSOS ÁMBITOS DEL PODER PÚBLICO, CUYO OBJETIVO ES PROVOCAR LA QUIEBRA FINANCIERA Y PRODUCTIVA DE PEMEX CONSIDERADA COMO "EMPRESA", PARA JUSTIFICAR CON ELLO LA ENTREGA DE LA "INDUSTRIA" PETROLERA A LA INICIATIVA PRIVADA.

 Existe confusión sobre la situación financiera de PEMEX. Los medios de comunicación recogen declaraciones en las que funcionarios gubernamentales y analistas manejan cifras escuetas, muchas veces contradictorias. Sin embargo, el discurso oficial es claro. Por un lado, se afirma que PEMEX es una empresa de clase mundial, que ocupa el tercer lugar como productora de petróleo y sus aportaciones directas e indirectas al fisco representan más de la tercera parte de los ingresos del gobierno federal.

 

No obstante -continúa el argumento-, ello no ha evitado que PEMEX se encuentre en una severa crisis  financiera, que amenaza con hundirla junto con toda nuestra industria petrolera y anular sus aportaciones actuales al desarrollo del país, si no se toman medidas correctivas de manera urgente. Según este diagnóstico, PEMEX es una empresa quebrada, cuyo patrimonio prácticamente ha desaparecido y su deuda ha crecido a niveles alarmantes. En 2004, los activos de PEMEX están financiados con deuda en un 96 por ciento, mientras que los recursos propios sólo representan el 4 por ciento restante. Se concluye entonces  que, tal como está, PEMEX es una empresa inviable a mediano plazo, que ha llegado al límite de su endeudamiento, situación que no conviene empeorar al contratar aún más deuda. La conclusión lógica de  este razonamiento es que las empresas privadas son las únicas que pueden aportar los capitales que requiere la expansión de la industria petrolera mexicana.

 

 

Esta es la historia oficial, que se repite de manera contundente y sistemática por todos los medios al  alcance del gobierno mexicano. Aun cuando las cifras relativas a la situación contable de PEMEX son correctas,  se miente sobre las verdaderas causas que la llevaron a esa situación y se exagera su significado.

 

 

El objetivo de esta entrega es demostrar que esa verdad oficial en realidad es una mentira monumental.  Una empresa con capacidad para generar utilidades por 40 mil millones de dólares al año no es una empresa quebrada. Por ello, PEMEX puede conseguir los financiamientos que desee, con más razón si se considera que tiene el respaldo de las reservas de hidrocarburos del país. Tan sólo las reservas probadas tienen un valor estimado de 750 mil millones de dólares.

 

 

PEMEX conserva gran parte de su fortaleza. Su deterioro, aunque grave, no es irreversible. No se requieren  ni grandes inversiones ni esperar el cambio de administración federal para iniciar su rehabilitación financiera y productiva; lo que se requiere es comprensión del problema y voluntad política para aplicar medidas que son viables y están a la mano, cuya aplicación en su mayoría no requieren de inversiones, pero sí generarían importantes ingresos adicionales en el corto plazo. Algunas se presentan al final del trabajo.

 

 

PEMEX en 15 años genero utilidades por 347 mil millones de dólares

 

 

Desde siempre, los ingresos por ventas de PEMEX superan con mucho sus costos totales (de operación, comercialización, administración y financiamiento). Por ello, año con año, PEMEX genera enormes utilidades. No podía ser de otra manera; el petróleo no es una mercancía cualquiera. Como los diamantes o los metales preciosos, es un recurso natural no renovable altamente apreciado en el mercado porque es escaso e insustituible como fuente de los combustibles que utilizan prácticamente toda clase de vehículos, para fines pacíficos o militares. El precio del petróleo es elevado porque incluye, además de los costos de producción y el margen de ganancia típicos de las mercancías tradicionales, una ganancia extraordinaria: la renta petrolera, que en principio corresponde al propietario de los yacimientos de donde se extrae el petróleo.

 

 

Por ello, se dice que el mejor negocio del mundo es la industria petrolera bien administrada; el segundo mejor negocio del mundo es la industria petrolera regularmente administrada y el tercer mejor negocio del mundo es la industria petrolera mal administrada.

 

 

No debe extrañarnos, entonces, que - pese a la ineptitud y corrupción imperantes en las altas esferas directivas y sindicales-, año con año los ingresos de PEMEX sean de tal magnitud, que superan con mucho sus costos totales, por lo que obtiene grandes utilidades.

 

 

Tan sólo en 2004, PEMEX generó utilidades por 40 mil millones de dólares, en números redondos. Si se acumulan las utilidades generadas por PEMEX durante quince años (1990-2004) resulta una cifra colosal: 347 mil millones de dólares. ¿Qué se hizo con esas utilidades? En su totalidad, esas utilidades fueron a parar a manos de la Secretaría de Hacienda: en el periodo referido, ésta cobró a PEMEX impuestos por 355 mil millones de dólares, es decir, la Secretaría de Hacienda no sólo se quedó con el 100 por ciento de las utilidades generadas por PEMEX, sino que le cobró impuestos adicionales por 8 mil millones de dólares.

 

 

Conforme a la lógica económica más elemental y considerando que, además de ser pública, PEMEX es la empresa más importante del país, podría haberse esperado que: una parte de esas utilidades la conservara PEMEX, para garantizar el mantenimiento necesario de las instalaciones y para financiar las nuevas inversiones en plantas y equipos que requiere una industria petrolera en expansión; y que la otra parte de las utilidades, la más sustantiva, se la apropiase el gobierno federal por concepto de renta petrolera, mediante el cobro de impuestos, para apoyar los programas gubernamentales. Sin embargo, no sucedió así; la primera parte de esa lógica económica no se cumplió, aunque sí la segunda, y de manera exagerada.

 

CONSECUENCIAS DE LA ESTRATEGIA IMPUESTA POR SHCP

 

 

Aplicar a PEMEX una carga impositiva ligeramente inferior, e incluso mayor, al 100 por ciento de las utilidades generadas constituye una acción económicamente irracional y francamente perversa desde el punto de vista político, pues lleva la intención inocultable de conducirla a la quiebra financiera y productiva. En primer lugar, porque la empresa quedó sin recursos para dar el adecuado mantenimiento a sus instalaciones y para financiar su expansión.

 

 

Peor aún, la estrategia de la SHCP operó como una camisa de fuerza que no sólo impidió a PEMEX ampliar sus instalaciones, sino que le provocó un proceso de descapitalización. Entre 1990 y 1995, el valor de las instalaciones, plantas y equipos (activo fijo) se redujo en 42 por ciento; en 2001, recuperó el nivel que tenía en 1990 y en 2004 acumuló un incremento de tan sólo 11 por ciento respecto a 1990.

 

 

En segundo lugar, en tanto las utilidades generadas resultan insuficientes para pagar los impuestos, PEMEX se ve obligada a endeudarse para liquidar los impuestos faltantes, lo que contribuye al incremento exagerado de sus pasivos, muy por encima de los niveles razonables: entre 1990 y 2004, los pasivos totales de la empresa crecieron en 530 por ciento.4 En tercer lugar, cuando los impuestos cobrados exceden las utilidades generadas, ello se traduce en pérdidas contables, que año con año se van acumulando y merman el patrimonio de la empresa, hasta hacerlo insignificante: entre 1990 y 2004, el patrimonio de la empresa cayó en 93 por ciento. A manera de resumen, en 1990 el 77 por ciento de los activos totales de PEMEX se financiaba con recursos propios (patrimonio) y el 23 por ciento restante con deuda (pasivos). Para 2004, la participación de los recursos propios cae al 4 por ciento y la de la deuda sube al 96 por ciento.

 

 

Para cada uno de los años del periodo 1990-2004, en el Estado de Resultados, del cual obra   copia en poder de ORO NEGRO, se reporta la utilidad o pérdida que la empresa obtiene año con año, como resultado de sus actividades de producción y venta de productos. Queda en claro que mientras los impuestos no superan las utilidades generadas (1990-1997) PEMEX registra una utilidad contable, y cuando los impuestos pagados superan las utilidades generadas (1998-2004) PEMEX registra una pérdida contable. El importe de esa utilidad o pérdida impacta el patrimonio de la empresa, que se consigna en el Balance General. La conclusión es incontrovertible: la Secretaría de Hacienda es la causante de que PEMEX registre pérdidas en sus estados financieros, al cobrarle impuestos por encima de las utilidades que genera.

 

 

El proceso de descapitalización de PEMEX evidencia que las limitadas inversiones realizadas no alcanzaron a cubrir siquiera la depreciación de sus equipos e instalaciones. Muchos de ellos han seguido funcionando más allá de su vida útil. A pesar de estar desgastados y en malas condiciones, PEMEX sigue utilizándolos, pues no tiene otra alternativa; carece de recursos suficientes para sustituirlos por nuevos. En consecuencia, ha caído la eficiencia de la empresa y los accidentes han ido en aumento, tanto en número como en gravedad. Ello se traduce en pérdidas económicas significativas, daños al medio ambiente y, lo más grave, pérdida de vidas humanas entre los trabajadores petroleros y, crecientemente, entre las comunidades aledañas.

 

 

Por lo visto, la estrategia de la Secretaría de Hacienda no ha logrado quebrar financiera y productivamente a PEMEX, pero ha sido pródiga en sus consecuencias criminales.

 

 

QUEBRAR A PEMEX PARA JUSTIFICAR LA ENTREGA A CAPITALES EXTRANJEROS

Sin lugar a dudas, los actos de la Secretaría de Hacienda antes descritos son intencionales, deliberados. Forman parte de una estrategia impulsada desde diversos ámbitos del poder público, cuyo objetivo es provocar la quiebra financiera y productiva de PEMEX considerada como "empresa", para justificar con ello la entrega de la "industria" petrolera a la explotación directa de corporaciones privadas extranjeras, mediante el esquema de Pidiregas, los Contratos de Servicios Múltiples u otras modalidades.

 

 

La segunda parte de esa estrategia consiste en achicar a PEMEX, pero no desaparecerla. Se requiere mantenerla como "pantalla" para simular que la industria petrolera sigue siendo nuestra. Desde hace años, se avanza en el desmantelamiento de PEMEX. Muchas áreas productivas y de operación se han cerrado y sus actividades han sido transferidas a contratistas privados. Con ello, miles de técnicos y profesionistas de PEMEX se quedan sin "materia de trabajo", por lo que son despedidos, bajo el disfraz de jubilaciones anticipadas. La función del "Nuevo PEMEX" se limitaría a administrar los Contratos de Servicios Múltiples, que ya se aplican a la explotación de yacimientos de gas natural en la Cuenca de Burgos y en el futuro próximo intentarán aplicarlos a yacimientos de petróleo en aguas profundas del Golfo de México: para extenderlos después a los procesos de transformación industrial (refinación y petroquímica). Pretenden cerrar con broche de oro ese proceso, al permitir la participación directa de empresas privadas en la comercialización de combustibles y otros derivados.

 

 

La tercera parte de la estrategia del gobierno mexicano está orientada a justificar la participación de  empresas privadas en la industria petrolera, utilizando dos argumentos:

 

 

1) para desarrollar la industria petrolera mexicana se necesitan grandes inversiones, que PEMEX no puede realizar porque no tiene recursos propios ni puede contratar más deuda porque está prácticamente quebrada.

 

REHABILITACIÓN FINANCIERA Y PRODUCTIVIDAD DE PEMEX

 

 

Los mexicanos debemos continuar como propietarios de esta mina de oro (negro) que, a pesar de ser mal administrada por los neoliberales que tomaron por asalto a PEMEX, genera utilidades millonarias. Esto es preferible a entregar esa riqueza para que sea explotada en su propio beneficio por corporaciones privadas extranjeras, que dejarían a México sólo migajas y una mayor depredación del medio ambiente.

 

 

Es mejor que conservemos esa riqueza en manos de la nación, aunque como sociedad debamos trabajar con ahínco para desterrar de PEMEX a funcionarios y líderes sindicales corruptos y de la administración federal a políticos sin escrúpulos que aceptan entregar la industria petrolera para granjearse el visto bueno del exterior, a fin de conservar o reconquistar la presidencia de la república. El reto es mantener esa riqueza en nuestras manos y canalizar con eficacia las ganancias que deja el petróleo al verdadero desarrollo económico y social del país.

 

 

Se quiere vendernos la idea de que PEMEX está quebrada. Esto es falso. Una empresa con capacidad para generar utilidades por 40 mil millones de dólares al año no es una empresa quebrada. PEMEX conserva gran parte de su fortaleza. Su deterioro, aunque grave, no es irreversible. No se requieren grandes inversiones ni esperar el cambio de administración federal para iniciar su rehabilitación financiera y productiva; lo que se requiere es comprensión del problema y voluntad política para aplicar medidas que son viables y están a la mano, cuya instrumentación, en su mayoría, no requiere de inversiones, pero sí generaría importantes ingresos adicionales. (Con apoyo de Carlos Manzo)